Agradecer en la desdicha


Hoy con el Programa de Cárceles empezamos a despedir el año en la Unidad 48 de San Martín. Las fiestas en los penales son un momento de especial tensión. Muchos presos se sienten abandonados por sus familias; algunos creen que delinquieron en nombre de ellas y sin embargo los dejan a su suerte. Incluso los que tienen el acompañamiento de su entorno, se ven obligados a soportar en los días de fiesta más encierro que el habitual: por la disminución del personal penitenciario son llevados a sus celdas entre las 2 y las 6 de la tarde del 24 y el 31 de Diciembre, y permanecen solos hasta la mañana siguiente. Cenan aislados en su celda y buscan hundirse en el sueño hasta que el momento pase.
Son días de enorme frustración y en consecuencia, días en los que suele aumentar la agresividad en los distintos Pabellones.
Pero hay islas donde algunos detenidos que pudieron poco a poco reconectar con su propia paz, pueden sentarse a una mesa y agradecer. Hoy los internos del Pabellón 7 agradecieron a los voluntarios del Arte de Vivir que sostienen el trabajo en los penales, por acompañarlos a lo largo del año. Agradecieron tener la dicha de encontrar momentos de calma interior en medio de sus tormentas personales, saberse cuidados y contenidos. Agradecieron por la amistad que nos va uniendo a lo largo de las prácticas que llevamos adelante durante todo el año. Agradecieron que haya entrado el yoga y la meditación a sus vidas para mostrarles una dimensión de sí mismos que no conocían. Agradecieron por la existencia del pabellón de El Arte de Vivir que los cobija (sí! increíblemente agradecieron algo que es inherente a su propio encierro!). Algunos agradecieron ser conscientes de sus errores, otros agradecieron que estuviéramos ahí a pesar de sus errores.
Cada uno a su turno dijo GRACIAS y juntos invocamos ese mantra que dice “Que podamos ser protegidos. Que podamos ser nutridos. Que podamos unir nuestra fuerza en beneficio de la humanidad. Que nuestro aprendizaje sea luminoso y lleno de alegría. Que no seamos envenenados por las semillas del odio hacia nadie. Que haya paz para nosotros y paz entre nosotros. Om, shanti, shanti, shanti”.

El Arte de Vivir se puede encontrar también tras las rejas


19/08/15

Nota de panorama.com.ve, autor:Juan Pablo Crespo

Ángel era uno de los reclusos más peligrosos del Penal de San Martín, en Argentina. Por tres causas por robo pagó 15 años de cárcel, repartidos entre más de 50 penales.Fue un detenido tan violento que la mayor parte del tiempo estuvo en celdas de total aislamiento.

Ángel, como mucho de los presos que históricamente han conformado la población penitenciaria latinoamericana, creció en un hogar disfuncional. Como él mismo lo ha contado, no conocía el significado de la palabra amor. Por esa misma disfuncionalidad, ni siquiera recuerda cuando su padre los abandonó.

Entre la falta de valores y la pobreza Ángel fue creciendo; con malos pasos. Y cuando le tocó comenzar a pagar su condena, apenas si sabía leer y escribir.

El Penal de San Martín es uno de régimen cerrado, de modalidad estricta para procesados y severa para penados. Allí, entre el aislamiento, pensaba que no tenía ningún potencial y que su rehabilitación no era posible. Pero la vida le cambió dentro de la misma prisión, donde sustituyó la “etiqueta de peligroso” por las de tranquilo, amigable o colaborador. La transformación que experimentó Ángel llegó, quizás, de la manera más inesperada:  Con ejercicios de respiración, yoga y meditación

¿Respiración, yoga y meditación en una cárcel?  Sí, a través del programa cárceles de la Fundación El Arte de Vivir, perteneciente al proyecto de alcance mundial Prison Smart. Ismael Mastrini, coordinador en América Latina del programa, ha llevado desde 2008 los ejercicios o cursos a prisiones de Argentina, Colombia, Brasil, Chile Perú, Ecuador, Paraguay, Uruguay (y, próximamente Guatemala), rehabilitando a poco más de 10 mil internos, en su mayoría de alta peligrosidad, entre ellos, Ángel.

Originalmente, los cursos fueron diseñados para ser impartidos entre población no penitenciaria, pero Mastrini hizo unas modificaciones y los adoptó para ponerlos en práctica en las prisiones, tanto de hombres como de mujeres, empezando por Argentina, su país natal. “Hablamos de ejercicios de respiración, yoga y meditación, con la finalidad de bajar el estrés y, con ello, disminuir los índices de violencia presentes en las cárceles”. 

En la página web de la Fundación El Arte de Vivir se puede leer que el programa de prisiones consiste “en un curso progresivo y práctico que enseña ejercicios de respiración avanzados, los cuales generan efectos dinámicos de limpieza en el cuerpo y en la mente desde la primera sesión. La pieza fundamental del programa es una técnica de respiración llamada Sudarshan Kriya. A través de esta práctica de respiración única, los ritmos respiratorios son utilizados para eliminar el estrés, para beneficiar las funciones orgánicas del cuerpo, transformar las emociones y promover una mente calma y alerta”.

Mastrini es un abogado que ejerció durante 40 años, pero tras conocer e involucrarse en los cursos de El Arte de Vivir, decidió dejar a un lado su profesión para formarse como instructor y con el objetivo de llevar el programa, con su propia receta, hasta centros penitenciarios de máxima seguridad. 

Por experiencia sabe que los reclusos pueden cambiar, que son capaces de terminar respirando y meditando como cualquier otra persona. El programa cárceles es una herramienta que, según él, permite desmontar aquello de que el recluso volverá a delinquir.

“Le ofrecemos a los privados de libertad un enfoque de vida diferente. Le brindamos amor y respeto. Le hacemos ver que pueden lograr muchas cosas sin necesidad de que nadie les regale nada”, explicó Mastrini.

Para el despliegue del programa, que dura unos cuatro días, se habilita un pabellón para el uso exclusivo de los cursos.  El instructor, generalmente ayudado por uno o dos expertos más, no les pregunta a los reclusos por qué están allí.  Él prefiere abrazarlos y empezar con la dinámica, sin mayor teoría o protocolo. “Una de las adaptaciones tiene que ver precisamente con eso, no comienzo el curso hablando mucho, sino que coloco música y empiezo a bailar, al rato estamos jugando y bailando todos. Luego incorporo el yoga, posteriormente viene la relajación y después es que me presento y les explico para qué es que estoy allí”.

Mastrini sabe que los abrazos, como símbolo de amor, tienen un poder inconmensurable, de amplio y profundo efecto. “En una oportunidad, en una cárcel mexicana, un grupo de detenidos prefirió salirse de la cola para tomar la comida, y hacer otra frente a mi para que yo los abrazase”. La barrera de la masculinidad sede ante la necesidad de recibir y dar amor.

Tras la meditación, Mastrini suele tener una pregunta bajo la manga para los participantes: ¿Cuando estabas meditando, te sentías preso? “La respuesta es casi siempre la misma: ´No, yo me sentía en otro lugar; en mi casa, con mi familia, con mis seres queridos”.

Con el desarrollo del curso, todos los reclusos comienzan a estudiar (y hasta a trabajar) dentro de la cárcel si el centro penitenciario ofrece esta posibilidad.

Así sucedió con Ángel, quien tras realizar el programa de ejercicios de respiración, yoga y meditación se puso a estudiar sociología en la Universidad Nacional de San Martín. “Se graduó con un promedio de 9,50 puntos (en base a 10). Ahora, él es todo un  ejemplo”, afirmó Mastrini sobre uno de los casos más emblemáticos de rehabilitación que han pasado por el programa cárceles de la fundación El Arte de Vivir.

Ángel, ahora en libertad, trabaja en la universidad que le abrió las puertas para estudiar mientras estuvo tras los barrotes. 

Los privados de libertad —explica Mastrini— son entrenados para que puedan continuar con los ejercicios sin la presencia de él. Le hacemos seguimiento, en la medida de lo posible, con distintas visitas”.

Hace unos años, Mastrini estuvo impartiendo los cursos en una cárcel venezolana ubicada cerca de la frontera con Colombia, pero no recibió el permiso para darles continuidad.  “Regresaré a Venezuela en octubre para dar un curso de meditación, aunque no dirigido a la población carcelaria. Quiero aprovechar la oportunidad para hacer contacto con las autoridades y retomar los cursos en este país”.

Antes que llegara Mastrini con el programa de ejercicios al Penal de San Martín, una vez al mes se registraba una muerte violenta, en promedio. Desde entonces, “en seis años, no se ha producido ningún muerto”. 

En una ocasión, Ángel resumió lo que comenzó a sentir al iniciar el programa de respiración, yoga y meditación en la cárcel: “No sabes lo mal que se vive aquí, pero lo bien que me siento”. 

Después del curso, Algo Cambió.


Desde el año 2006 el Programa de Cárceles de El Arte de Vivir ha beneficiado a más de 10 mil internos en la Argentina.

En este video podrás escuchar los testimonios de algunos de ellos. Sus palabras inspiran y transmiten agradecimiento, amor, entusiasmo y amistad.

Estos testimonios resaltan que el curso Prison SMART ha contribuido en la manera de ver la vida de quienes están privados de su libertad.

Sentirte Libre, dentro de la Cárcel


¿Alguna vez te imaginaste cómo debe ser vivir adentro de una cárcel?

Este testimonio puede ser que te sorprenda.

Desde 2011 el Pabellón 7 del Penal 48 de San Martín se convirtió en el “Pabellón de los Respiradores”. Un grupo de voluntarios de El Arte de Vivir asiste todos los días al penal a realizar las prácticas de respiración con los internos que han hecho el Programa de El Arte de Vivir y cumplen con las pautas de no violencia.

Daniel Buda coordinador de proyectos en el Programa de Cárceles nos cuenta en este video los cambios positivos de quienes viven en este pabellón.

Sí, se puede!


 

Eran las 16:30hs. del 16 de junio y el equipo organizador de la Primera Cena Solidaria para el Programa de Cárceles de la Fundación El Arte de Vivir empezó a llegar a Casa Cruz, Restaurant ubicado en Palermo Viejo. Después de meses de organización, de trabajo en equipo, de manos que se fueron sumando a ayudar de diferentes formas (con el lugar, la decoración, los regalos, las invitaciones, el apoyo incondicional), el gran evento estaba a horas de comenzar.
Veíamos a los mozos de Casa Cruz cargando y acomodando las mesas, el sonidista probando los micrófonos y la música, el chico del proyector subido a la escalera. Nos dieron tantos nervios que decidimos salir a caminar para despejar la mente y terminar de hacer los mandados de último momento.
Al volver, Casa Cruz con su estilo sobrio y elegante, bhajans (mantras) de música fondo y su imponente cava al fondo resplandeciente estaba ya esperando a los invitados que comenzarían a llegar a las 20:30hs.
Más de 150 personas presenciaron esta inolvidable cena, que comenzó con una breve introducción a cargo de Alejandra Scaglione y Beatriz Goyoaga sobre la Fundación El Arte de Vivir y la filosofía de paz de Sri Sri Ravi Shankar junto con la descripción del trabajo que se ha realizado en el Programa de Cárceles.
Antes de comer, dejamos ir todas las tensiones del día con una acogedora meditación guiada por Kamlesh, Instructora Internacional del Arte de Vivir hace más de 15 años.
La comida vegetariana, los jugos y limonadas riquísimos. Las mesas colmadas de gente y los voluntarios del Arte de Vivir paseando por las mesas y asegurándose de que todos estuvieran sintiéndose a gusto.
Nos emocionamos con Ismael Maestrini, coordinador para Latinoamérica del Programa de Cárceles, y con el testimonio de algunos de los chicosque estuvieron privados de su libertad.
“Cuando pude tranquilizar mi mente y prestar atención a mi respiración, hasta lograr ser el observador de mis propios pensamientos, llegué a decir: ¿qué es la libertad? ¿para qué quiero ser libre? Ya lo soy. Ya soy libre. Ahora entro a la cárcel. ¿Quiero alcanzar la libertad para ser feliz? Ya soy feliz. Ya tengo la felicidad Y ahora entro de la cárcel. Muchas veces dicen que la cárcel está llena de pobres, pero yo me sentía un millonario, porque la riqueza mía pasaba por mi interior. No por tener dinero, ni ciertas cosas materiales. Lo más valioso lo tenía adentro. Eran mis valores. Y era la identidad que me devolvió la Fundación El Arte de Vivir.”
-Ángel
Nos movilizó internamente a todos escuchar a estas personas a las que este programa ha cambiado la vida. Tomar conciencia de que cada uno de los que estábamos ahí estaba ayudando para que este proyecto crezca y que más gente en las cárceles sea beneficiada.
La Primera Cena de Recaudación concluyó con la música de Ignacio Escribano, quien nos deleitó con su música que combina mantras con música de todas partes del mundo.
Los participantes se despidieron radiantes, con una sonrisa en la cara, agradecidos por el momento compartido y por la posibilidad de ser parte de este proyecto tan grande.

Gracias a esta Cena Solidaria hemos logrado recaudar todo el dinero que el Programa de Cárceles precisa para su funcionamiento el resto del año y además ha sumado más voluntades para que mes a mes aporten con dinero y/o asistiendo a los penales y acompañando a quienes están saliendo en libertad.

Gracias a cada uno de los que han hecho posible que esta cena se vuelva realidad y que este Programa siga expandiéndose y llevando luz donde hay oscuridad.foto kam