Florencio Varela y un desafío de 18 meses.


18 meses es el tiempo que le lleva a un niño empezar a hablar; o sea, salir de su mundo interior y empezar a vincularse con el que lo rodea.

También fue el tiempo que tardó en germinar la semilla que plantamos un día nublado del mes de octubre de 2015 en la UP 42 de Florencio Varela. Aquella vez, cinco voluntarios entraron por primera vez a dar un curso para 60 internos de los pabellones 3 y 10. Hoy esos dos pabellones se transformaron en 5 y están a punto de transformarse en 7. Ya son 350 los presos meditan y respiran. Y en aquellos dos pabellones iniciales, en los que se plantó la primera semilla, acaba de terminar un curso de Silencio, el segundo que se da en el penal.

Esta vez fueron 71 internos, durante 4 días, en un viaje profundo hacia un lugar cercano y pocas veces visitado, 71 internos reconectando con su mundo interior, para volver a revincularse desde ahí con el mundo que los rodea.

Ya hubo otro curso de Silencio en Varela, el primero de todos, para 60 presos de un pabellón de máxima seguridad. Y hace 15 días, esos mismos internos dieron un paso más y tomaron el curso “Sahaj Samadhi” de Meditación de El Arte de Vivir, en el que cada uno recibió su mantra personal para profundizar en el camino de la Meditación.

Todo empezó con una semilla, plantada por cinco voluntarios, casualmente en la primavera del año 2015. En menos de 30 días la semilla había echado los primeros brotes y después de dos cursos había 200 presos respirando y meditando en esa Unidad.

En aquel momento la página oficial del Servicio Penitenciario Bonaerense publicaba un artículo sobre los resultados en la Unidad 42 y decía: “Se destaca fundamentalmente que se han eliminado los conflictos en los pabellones donde se practica el arte de respirar”.

Hoy, dieciocho meses y 350 capullos después, el Servicio Penitenciario nos está invitando a ingresar en la Unidad 24 de Varela, para trabajar con dos pabellones de máxima seguridad con niveles altos de violencia, para seguir reconectando a esas almas con el mundo.

Gracias a los voluntarios que plantaron y regaron las primeras semillas. A los que hicieron posible el último curso de Silencio: a María Teresa y Moni haber estado al servicio de todos, a Pablo Stagno, Gaby Pasardi y Almagrosa por llevar amor y mantras, a los voluntarios de Temperley, Varela y Uriburu, por las donaciones para que se pudiera hacer el curso en el penal, y sobre todo a los internos de la Unidad 42, por florecer a la sombra.

Primer dia sep15